Peñaflor importará millones de litros de vino: ¿Un golpe para los productores locales?

🔴La reciente noticia sobre la importación masiva de entre 4 y 5 millones de litros de vino genérico desde Chile por parte de la reconocida bodega Peñaflor ha sacudido los cimientos de la industria vitivinícola argentina. Este movimiento, en medio de las medidas gubernamentales a favor de la importación de alimentos bajo la administración de Javier Milei, ha desatado una ola de preocupación entre los productores locales, especialmente en el marco de la definición de precios para la Vendimia 2024.
Matías Manzanares, gerente de la Asociación de Viñateros de Mendoza, expresó su inquietud frente a esta operación, sugiriendo que podría tener como objetivo presionar sobre el mercado local para establecer un techo en los precios ofrecidos a los productores de uva argentinos. La voz de Manzanares resuena con una clara advertencia: este movimiento podría ser un intento de «liquidar» a los productores locales, reduciendo sus ingresos y socavando su sustento económico.
El Grupo Peñaflor, un gigante en el mundo de los vinos argentinos y dueño de marcas icónicas como Trapiche y El Esteco, ha defendido su decisión de importar vino chileno como una medida necesaria debido a la falta de oferta local para su marca Termidor. Juan Schamber, gerente de Relaciones Institucionales de Peñaflor, asegura que esta acción no tiene la intención de romper los precios del mercado interno, señalando que la cantidad importada sería mínima en comparación con la oferta local.
Sin embargo, los productores mendocinos no están convencidos y ven esta acción como una amenaza directa a sus intereses. Manzanares insiste en que hay suficiente stock local y que Peñaflor busca simplemente obtener vino a un precio más bajo del que están dispuestos a pagar los productores. Este conflicto no solo afecta a Mendoza, sino que también causa malestar en la provincia de San Juan, donde aún se están discutiendo los valores de la uva y el vino.
La situación se vuelve aún más tensa si recordamos las importaciones de vino desde Chile durante el gobierno de Mauricio Macri en 2017, que resultaron en una disminución significativa de los precios locales y contribuyeron a varios años de vendimias difíciles para los productores. A pesar de las condiciones climáticas desfavorables, muchas viñas cerraron debido a la falta de rentabilidad.
Esta nueva ola de importaciones se produce en un contexto diferente, ya que el gobierno de Milei ha optado por subsidiar estas operaciones con ventajas impositivas y de acceso al mercado de cambios. El nuevo presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura, Carlos Tizio, ha expresado abiertamente su apoyo a la entrada de vinos extranjeros, lo que sugiere un cambio significativo en la política vitivinícola argentina.
Ante esta situación, los productores locales se enfrentan a un dilema: ¿cómo proteger sus intereses y mantener la rentabilidad en un mercado cada vez más globalizado y competitivo? La respuesta aún está por verse, pero una cosa es segura: la importación de vino chileno por parte de Peñaflor ha encendido el debate sobre el futuro de la industria vitivinícola argentina y el papel del gobierno en su protección y desarrollo.