LA PAZ DEL ODIO Y LA VIOLENCIA DEL AMOR

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En la tarde noche del sábado, donde se vivieron momentos de tensión frente a la casa de la Vicepresidenta Cristina Fernández, por el accionar de la Policía de la ciudad con acciones represivas hacia la militancia que se aglomeró allí al igual que los días previos, el Jefe Porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en conferencia de prensa, defendió el accionar de los efectivos de la fuerza de seguridad porteña con el argumento de que actuaron para resguardar “la paz social”. O sea que la paz se protege, con vallados, camiones hidrantes, palos y gases. Esa misma fuerza en “defensa de la paz” pretendió impedir el paso de Máximo Kirchner para ver a su madre a fuerza de golpes e insultos. El Diputado Nacional tuvo que ser resguardado por civiles de los ataques de la policía. Ciudadanos de a pie, resguardaron a un legislador nacional que quería ver a su madre de los ataques que le propinaban quienes han sido designados para proteger. No es una locura?
Pero no es novedad. Hace poco mas de un mes, frente al Instituto Patria un manifestante liberal con un megáfono, amenazo con ahorcar a Cristina Fernández y a su hijo (en relación a Máximo) y el policía de la ciudad que se encontraba allí se acerco y saludo al manifestante como para asegurar de que puede desear y prometer muerte, tranquilo, que esta protegido. Las imágenes de manifestantes de derecha ya sean Libertarios o de alguna facción del Pro, con emulación de ataúdes, bolsas mortuorias con nombres de dirigentes del Frente de Todos, ya se han hecho lamentablemente comunes y frecuentes. Para la Policía de la Ciudad de Bs. As., para el gobierno de Larreta y para un sector importante del periodismo, todas esas acciones están resguardadas bajo la libertad de expresión, pero reunirse y cantar frente a la casa de Cristina es una afrenta que pone “en riesgo la Paz Social”. La pulsión de muerte tiene una fuente que es el odio, que encontrara satisfacción cuando pueda destruir al otro. Algo muy distinto es la pulsión del amor, que empuja para proteger, para defender, para abrazar, para demostrar y recibir recíprocamente la demostración de afecto. Los que aman, cantan, llevan banderas, llevan fotos de ella, se abrazan, lloran emocionados cuando la ven, van en familia, van en tren, en colectivo o a pie. Caminan como sus antecesores de hace setenta años que ponían los pies en la fuente para descansarlos; hoy no se detienen ante las vallas, vayan donde vayan. Los que odian ponen volquetes llenos de escombros y cascotes con el afán de que se produzca una batalla campal poniendo en riesgo la seguridad e integridad de los que manifiestan y de los vecinos del lugar a los que dicen proteger. Los que odian hacen espionaje con el pueblo.
Pero el punto es que lo que hoy sucede con Cristina no es un hecho aislado, nuevo y sin precedentes. El Lawfare, la guerra judicial, el espionaje, las estrategias desestabilizadoras, la manipulación de la información, la infamia y el engaño al pueblo se repiten de manera global, ante las expresiones populares y sus representantes. Y en Argentina es la historia repetida en versión siglo 21. Antes bombardeaban la plaza o desaparecían a 30000 Argentinos. Hoy matan a Santiago, a Nahuel o inventan causas a un centenar de dirigentes y sino alcanza, van por ella, por Cristina para que el escarmiento y el disciplinamiento sea popular. Pero el peronismo ha demostrado una vez mas que esta de pie. Sera el desafío de este peronismo, actuar con unidad de concepción y de acción, promover y defender la soberanía y multiplicar el amor. Los que odian quieren contagiar su abominación y utilizan todas sus armas poderosas llenas de micrófonos y propaladoras audiovisuales, gráficas y digitales, pero siempre se encuentran con el hecho maldito del amor peronista que con una honda enfrenta a Goliat. A os que odian, no les interesa la paz. Los que aman no precisan la violencia, no se esconden ni huyen, ni espían, ni confabulan. Los que odian no quieren la paz, porque desde que los abofetea la violencia del amor, no tienen paz y solo encuentran guerra y beligerancia en sus corazones.

*Carlos Tejeda

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